Hiciste un plazo fijo alguna vez, o al menos sabés cómo funciona: ponés la plata, la dejás quieta un tiempo, y al final te devuelven un poco más. Lo lindo es que sabés desde el día uno cuánto vas a cobrar. No hay sorpresa.
Hay un instrumento que funciona casi igual, que suele pagarte más, y que —a diferencia del plazo fijo— no te deja la plata atrapada hasta el final. Se llama LECAP. Cuando el plazo es más largo, BONCAP.
Suena a jerga de mesa de dinero, pero la idea de fondo la entendés en cinco minutos. Vamos.
Para entrar en tema: el plazo fijo que ya conocés
Un plazo fijo es un préstamo que le hacés al banco. Le das tus pesos, te promete una tasa, y en la fecha pactada te devuelve el capital más los intereses. El número está cerrado desde el arranque: sabés exactamente cuántos pesos vas a tener.
Una LECAP es lo mismo, pero con dos cambios: en lugar de prestarle al banco, le prestás al Estado, y en lugar de quedar atada hasta el vencimiento, la podés comprar y vender en el mercado cuando quieras.
Eso es todo. El resto son detalles de ese préstamo.
Qué son: dos apellidos, una misma familia
Cuando el Estado necesita pesos, emite deuda a tasa fija. Según cuánto dure ese préstamo, cambia el nombre:
- LECAP (Letra de Capitalización): el tramo corto. Vencimientos de pocos meses hasta alrededor de un año. “Letra” es, justamente, deuda de corto plazo.
- BONCAP (Bono de Capitalización): exactamente lo mismo, pero más largo. Cuando el plazo pasa de un año, deja de llamarse letra y pasa a llamarse bono.
No te compliques con la distinción: son el mismo instrumento, solo cambia cuánto tiempo dura. Tasa fija en pesos, cortita la LECAP, más larga la BONCAP. Todo lo que sigue vale para las dos.
La certeza: sabés cuánto vas a cobrar
Acá está el atractivo principal. Cuando comprás una de estas, el número final está clavado.
No pagan intereses en el camino como otros bonos. Funcionan por capitalización: comprás hoy a un precio, y en la fecha de vencimiento cobrás un valor final ya conocido, todo junto, en un solo pago. Pusiste, digamos, $1.000 hoy y sabés que dentro de seis meses vas a cobrar $1.250. Ese es el trato, y no se mueve.
De ahí el “CAP” del nombre: la plata se va capitalizando sola hasta el final, en vez de pagarte cupones sueltos.
La TEM, traducida
Vas a ver estos instrumentos cotizados por su TEM: tasa efectiva mensual. Es cuánto rinden por mes. Si ves “TEM 2%”, quiere decir que la plata crece un 2% mensual.
Ahora, un detalle que casi nadie te aclara y que confunde a todos: para pasar la TEM a anual no la multiplicás por 12. Porque cada mes rendís sobre un capital un poco más grande que el mes anterior (los intereses también generan intereses). Una TEM del 2% no es 24% al año, sino más cerca del 27%. Esa diferencia —de 24% a 27%— es la capitalización trabajando a tu favor. Cuanto más seguido capitaliza algo, más se separa del cálculo simple.
Guardate la idea: la TEM te sirve para comparar instrumentos entre sí, y la versión anual siempre rinde más que doce veces la mensual.
El punto que de verdad importa: pesos seguros no es lo mismo que plata segura
Y acá viene la letra chica del asunto, que es en realidad la letra grande.
Con una LECAP sabés exactamente cuántos pesos vas a tener. Lo que no sabés es cuánto van a valer esos pesos.
La tasa es fija en pesos, pero vivís en un país donde los precios y el dólar se mueven. Tu ganancia de verdad no es el número en pesos: es cuánto te queda después de la inflación. Si tu LECAP rinde 4% en el mes pero la inflación fue 5%, ganaste en pesos y perdiste en poder de compra. En el resumen de tu cuenta figura más plata; en el supermercado, menos.
Es la misma idea que vimos con el Merval en dólares: el número en pesos puede mentirte, y la única foto real es la que descuenta la inflación (o el dólar). Comprar tasa fija en pesos es, en el fondo, una apuesta a que esa tasa le va a ganar a la inflación y al dólar. Cuando le gana, es un negocio buenísimo. Cuando no, es una ilusión contable.
Un riesgo distinto al de un bono en dólares
En la nota de soberanos dijimos que el riesgo grande era que el Estado no te pagara. Acá el riesgo cambia de forma, y conviene entender por qué.
Estos instrumentos están en pesos, y los pesos los emite el propio Estado. Entonces, en principio, siempre puede fabricar los pesos para pagarte: es raro que no cobres el número prometido. El riesgo no es que no cobres: vas a cobrar tus pesos, hasta el último. El riesgo es que esos pesos, para cuando los cobres, valgan menos de lo que valían el día que entraste. Cobrás todo lo pactado y, aun así, podés terminar con menos poder de compra que al arrancar.
Dicho corto: en dólares el miedo es no cobrar; en pesos, el miedo es cobrar y que no alcance.
El plazo fijo con superpoderes
Volvamos al plazo fijo, que es con lo que el lector compara todo. Frente a él, la tasa fija en pesos vía LECAP tiene tres ventajas concretas:
- No te ata la plata: la podés vender en el mercado antes del vencimiento si necesitás la plata o cambiás de idea.
- Suele rendir un poco más que el plazo fijo tradicional.
- Es un mercado grande y líquido, sobre todo en las LECAP cortas, así que entrar y salir es fácil.
¿La contra de poder venderla antes? Que si lo hacés, te llevás el precio de mercado de ese día, que puede ser un poco más o un poco menos de lo que esperabas —igual que con cualquier bono—. La buena noticia es que, al ser instrumentos de plazo corto, ese precio se mueve poco: son bastante más tranquilos que un bono largo. Si la mantenés hasta el final, cobrás el número pactado y listo.
Una aclaración de alcance: acá hablamos de tasa fija
Todo esto vale para la deuda en pesos a tasa fija: sabés el número desde el arranque. Pero el Estado también emite pesos de otras formas: por ejemplo, ajustados por inflación (los CER) y atados al dólar oficial (los dollar-linked). Son otras dos familias, con otra lógica, y elegir entre ellas es en realidad una apuesta sobre qué va a pasar con la inflación y el dólar.
Esas dos, y cómo se relacionan las tres entre sí, quedan para las próximas notas. Por ahora quedate con una: tasa fija = número cerrado en pesos.
Dónde entra Vesty
Como ya podés cargar renta fija en Vesty, tus LECAPs y BONCAPs entran junto al resto de tu cartera, con su rendimiento a la vista y valuadas en la moneda que elijas.
Y esto último es más útil de lo que parece, justo por lo que dijimos arriba. Poder ver tu LECAP medida en dólares es la forma más directa de responder la única pregunta que importa: mi tasa fija en pesos, ¿le está ganando de verdad, o solo en el papel? Esa foto real es la que te dice si el negocio fue bueno o si la inflación se comió la diferencia.
La idea para llevarse
Una LECAP o una BONCAP es un plazo fijo con superpoderes: le prestás pesos al Estado a tasa fija, sabés desde el día uno cuánto vas a cobrar, y podés venderla cuando quieras. La diferencia es solo el plazo —corta la letra, larga el bono—.
Su gran virtud y su gran trampa son la misma cosa: te dan certeza en pesos. Pero la plata no se mide en pesos, se mide en lo que esos pesos compran. Sabés cuántos vas a tener. Lo que estás apostando es a cuánto van a valer.